
(Este artículo forma parte de la serie Gestiona mejor tu vida. No te pierdas el resto.)
Artículo original escrito por Jero Sánchez. Sígueme en Twitter.
Después de los 6 giros anteriores, por fin llegamos al último. Hasta ahora hemos visto cómo desarrollar los mejores hábitos productivos. Cuando uno empieza a aplicar distintas recetas productivas, lo único seguro es una cosa: no todo funciona igual de bien para todo el mundo. ¿Cómo saber si lo que estás haciendo te está funcionando? ¡Exacto! Mediante la evaluación. Debemos aprender a observarnos de forma serena pero antenta, para descubrir qué hemos hecho bien yqué no tan bien.
La evaluación también es importante porque nuestro entorno siempre está cambiando, lo que afecta a la forma en que trabajamos y el modo en que ponemos en práctica los giros. Además, uno nunca deja de aprender sobre productividad, y es casi seguro que continuarás probando cosas nuevas con el paso del tiempo. Así que no perdamos más tiempo y veamos cómo evaluarnos.
1. Doble evaluación. La evaluación debe llevarse a cabo a dos niveles. Por un lado, determinar si somos productivos en el día a día, es decir, es necesario realizar una evaluación diaria en la que nos preguntemos si hemos cumplido nuestros objetivos para el día, qué hemos hecho bien y en qué hemos fallado. Por otro lado, es necesario evaluar de forma regular si nuestro método y herramientas están funcionando como esperamos, con el objetivo de introducir cambios y mejoras si es necesario.
2. Conclusión, acción, mejora. Una vez autoevaluados, debemos ir más allá. La evaluación sólo tiene sentido si sacamos conclusiones y definimos acciones para mejorar lo que no funciona. No importa lo bien que lo hayas hecho: es imposible pasar una evaluación sin haber encontrado al menos un punto de mejora. Aprovecha el tiempo empleado en la evaluación decidiendo qué es lo que vas a cambiar/mejorar y ¡hazlo! Eso sí, ten cuidado de no intentar varios cambios al mismo tiempo. Siempre intenta una cosa a la vez, y a ser posible, que no supongan cambios drásticos.
3. Sé honesto pero benévolo. La evaluación es un ejercicio para ayudarte a mejorar, no para castigarte. No tengas miedo a ser honesto contigo mismo –nadie más va a saber el resultado–, aprende a conocerte mejor, y encontrarás remedios efectivos para luchar contra tus errores. Engañarte a ti mismo y flagelarte por los errores es tirar a la basura el tiempo empleado a la evaluación.
4. Celebra tus éxitos. Y si la evaluación debe servir para encontrar los errores y plantearnos soluciones, también es importante felicitarnos, darnos pequeños lujos, cada vez que hagamos algo bien. El camino de la productividad es difícil y accidentado, así que tenemos todo el derecho del mundo a celebrar cuando conseguimos un éxito.
5. El ejercicio de evaluación. Una buena evaluación debe tener 4 características. Tiene que ser al final del día, tiene que hacerse rápido –no más de 5 minutos–, de forma regular –todos los días–, y relajadamente –preferiblemente en un lugar tranquilo de casa, con ropa cómoda y, si quieres, con música ambiental. En la evaluación no se trata de mover papeles, tachar tareas o estructurar ideas. Simplemente debes hacer una introspección de cómo ha ido el día y tomar nota mental de las cosas que has hecho bien y felicitarte por ello. También de las que no han ido como esperabas, por qué han sucedido –honestamente–, y qué acciones que vas a tomar para remediarlo –esto último quizá si convenga que lo escribas ;-)
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